DEVOCIONALES VISITAS A GÉNESIS


Siervos temerosos de Dios

Día 97

“Y habló el rey de Egipto a las parteras de las hebreas, una de las cuales se llamaba Sifra, y otra Fúa, y les dijo: Cuando asistáis a las hebreas en sus partos, y veáis el sexo, si es hijo, matadlo; y si es hija, entonces viva. Pero las parteras temieron a Dios, y no hicieron como les mandó el rey de Egipto, sino que preservaron la vida a los niños” (Éxodo 1:15-17).
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Lecturas adicionales:

    Deuteronomio 33:12; Esdras 9:9; Salmos 12:1; 31:23; Hechos 4:19-20; 2 Corinti os 7:1; Hebreos 6:18.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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Sin importar de dónde venga la orden en contra de los hijos de Dios, Él levantará siervos temerosos dispuestos a hacer su voluntad. Él siempre nos protege para que cumplamos su voluntad y propósitos.

A menudo vivimos en medio de órdenes culturales, sociales, modas, de nuestros supervisores, o aun en la iglesia que contradicen la voluntad de Dios y sus propósitos. ¿A quién obedeceremos?: ¿A Dios o a los hombres? ¿A Dios o a las circunstancias? “Mas Pedro y Juan respondieron diciéndoles: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hechos 4:19-20).

“Pero las parteras temieron a Dios, y no hicieron como les mandó el rey de Egipto, sino que preservaron la vida a los niños” (Éxodo 1:17).

El temor de Dios animó a las parteras a no sacrificar a los bebés. El temor de Dios es consecuencia de la conciencia permanente de su presencia. Él usó siervas temerosas para cumplir su propósito. La obediencia de ellas salvó la vida de Moisés, un hombre temeroso de Dios que lo obedeció en todo, sirviendo de caudillo para guiar al pueblo de Israel.

“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7). Los cielos declaran a aquellos que sin temor le sirven: “Y salió del trono una voz que decía: Alabad a nuestro Dios todos sus siervos, y los que le teméis, así pequeños como grandes” (Apocalipsis 19:5).

Oro para que Dios nos ayude a ser siervos temerosos de Él para poder apoyar a otros en el ministerio, cumpliendo así su propósito para nuestra vida.