DEVOCIONALES VISITAS A GÉNESIS


Órdenes que tal vez no entendamos

Día 9

“Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y el mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2:15-17).
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Lecturas adicionales:

    Deuteronomio 8:2, 3; Proverbios 9:10; Juan 14:21; Lucas 22:42 
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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Así como un papá pone límites a los niños pequeños y ellos no entienden la razón por la que se les prohíbe algo, muchas veces tampoco entendemos algunos de los mandatos de Dios, pero sabemos que de todas maneras siempre son para nuestro bien y para protegernos.

Esta es la segunda orden directa de Dios al hombre, con la primera advertencia acerca del costo de la desobediencia: “Ciertamente morirás”. Es bastante difícil poder explicar la razón o el porqué de la orden. Sin embargo, la consecuencia
de la desobediencia es clara. La clave es, quién está a cargo. ¿Dios o yo? ¿Quién es el soberano, Él o yo?

El mundo tiene poco temor de Dios y muchas veces nada de temor y es por eso que todos sufrimos las consecuencias de la desobediencia. Jesús se sometió al Padre en todo. Nunca pecó. Y su delicia era hacer la voluntad del Padre en todo momento. No fue fácil para Jesús, y tampoco lo será para nosotros, pero tenemos la ayuda del Espíritu Santo para poder cumplir con lo que Dios nos pide. Por otro lado, también dice la Escritura que “sus mandamientos no son gravosos: 1 Juan 5:3. Como dijo Jesús: “mi comida es hacer la voluntad del Padre” Juan 4:34.

Somos seres humanos normales (completos) cuando estamos bajo el señorío de Dios.

Fuimos creados para estar bajo su protección y cuidado. Si nos sometemos a Dios sin reservas, aun cuando no entendamos la razón de la orden, hallaremos descanso y seguridad.

Si Dios nos habla, ordena o pide, ¡obedezcamos!

Obedezcamos la palabra de Dios aunque no entendamos la razón por la que debamos hacerlo.