DEVOCIONALES VISITAS A GÉNESIS


Turrón de Sal

Día 40

“Y cuando los hubieron llevado fuera, dijeron: Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni pares en toda esta llanura; escapa al monte, no sea que perezcas... Entonces la mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal” (Génesis 19:17, 26).
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Lecturas adicionales:

    Lucas 12:32-34; Filipenses 1:21; 2 Corintios 5:14-15; Lucas 9:23; 1 Samuel 12:20-21; 1 Samuel 15:10-11; Hechos 13:22
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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Lot y su esposa dejaron en Sodoma todos sus bienes. Eso fue lo que les costó obedecer el llamado radical de Dios. Jesús comenta al respecto: “Acordaos de la mujer de Lot. Todo el que procure salvar su vida, la perderá; y todo el que la pierda, la salvará” (Lucas 17:32-33).
Tratamos de salvar todas las pertenencias ya sean materiales o abstractas (como títulos, reputación, belleza, intelecto, etc.). Sin embargo, éstas no son eternas, pues desaparecen con la muerte. Sólo permanece lo que realmente somos ante Cristo. Aquí no se refiere a perderse en pecado. Sino dejar de ser el que gobierna su propia vida. “Y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará” (Lucas 9:24).

¿Por qué debo “perderme a mí mismo” o “dejar de gobernar mi vida”? Lucas 9:24 nos lo advierte. Sólo debemos perdernos a nosotros mismos por “causa de mí” [de Jesús], o por adoptar la “agenda de Cristo”. Parece que la mujer de Lot por no querer abandonar “lo que tenía” se “perdió”, se convirtió en una columna de sal. Lo pasajero se había adueñado de ella. Prefirió mirar atrás antes que aceptar la salvación del Señor. Obediencia radical significa vivir con un solo propósito. Pablo lo expresa así: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20).

Pidamos al Señor que nos ayude a obedecerle radicalmente, especialmente en el llamado de Dios y no vivir para nosotros mismos.