DEVOCIONALES VISITAS A GÉNESIS


La ira de Dios no es un juego

Día 39

“Y dijeron los varones a Lot: ¿Tienes aquí alguno más? Yernos, y tus hijos y tus hijas, y todo lo que tienes en la ciudad, sácalo de este lugar; porque vamos a destruir este lugar, por cuanto el clamor de ellos ha subido de punto delante de Jehová; por tanto, Jehová nos ha enviado para destruirlo.” (Génesis 19:13).
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Lecturas adicionales:

    Génesis 19:12-16; 2 Pedro 3:9-10; 2 Crónicas 24:18
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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De este pasaje podemos concluir lo siguiente:
1. Dios destruirá la maldad: “el clamor de ellos ha subido de punto delante de Jehová; por tanto, Jehová nos ha enviado para destruirlo”.
2. Dios siempre nos da la oportunidad de salvación: “los varones asieron de su mano, y de la mano de su mujer, y de las manos de sus dos hijas según la misericordia de Jehová para con él; y lo sacaron, y lo pusieron fuera de la ciudad”.
3. La incredulidad en la palabra de Dios traerá destrucción personal: “Entonces salió Lot, y habló a sus yernos, los que habían de tomar sus hijas, y les dijo: Levantaos, salid de este lugar; porque Jehová va a destruir esta ciudad. Mas pareció a sus yernos como que se burlaba”.

Hoy la maldad de nuestro mundo ha aumentado si la comparamos con la maldad del tiempo de Sodoma y Gomorra y es posible que siga aumentando. Es imperativo que seamos conscientes de que:
“Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (Mateo 24:12-13). “Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie
sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados” (Mateo 24:22).
Hoy en día muchos predican sólo de la misericordia y bondad de Dios, pero Dios también es un Dios justo y cuando provocamos su ira, podemos sufrir aún consecuencias eternas. Leemos en Hebreos 10:31: “¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!

Estemos conscientes de la ira de Dios para que no demoremos en predicar las buenas nuevas a aquellos que están cerca de nosotros, pero lejos de Dios.