DEVOCIONALES VISITAS A GÉNESIS


Hablemos de perfección

Día 32

“Era Abram de edad de noventa y nueve años, cuando le apareció Jehová y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí, y sé perfecto” (Génesis 17:1).
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Lecturas adicionales:

    Efesios 4:12-13; Efesios 4: 15-16; Hebreos 13:21; Hechos 15:8-9
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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La última vez que Dios y Abram están conversando en Génesis, Abram tiene 86 años. Ahora han pasado 13 años. Abram hizo de las suyas y creó el problema de Ismael. Parece que Abram necesitaba que Dios le recordara que Él cumpliría sus promesas. Sin embargo, Dios debía darle una orden a Abram: “Sé perfecto”. Eso significa permitir que Dios haga en mí todo lo que Él quiera que yo sea. Es una rendición completa a sus propósitos. Jesús nos da la misma orden a nosotros: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mateo 5:48).

Otra forma de expresar esta orden la encontramos en la frase “pureza de corazón”, o un corazón perfecto. No significa perfección física ni mental. Significa perfección de las intenciones. Significa siempre desear para mí y para los demás sólo lo que Dios quiere. ¿Cómo se puede vivir de esa manera?: “Yo soy el Dios Todopoderoso”. Aquí aparece por primera vez en la Biblia este nombre de Dios: “El Shaddai”.

El Señor Jesucristo la menciona ante una pregunta de Pedro: “Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible” (Mateo 19:26). Dios da una orden, y lo increíble es que Él mismo nos capacita para cumplirla: “Fiel es el que os llama; el cual también lo hará” (1 Tesalonicenses 5:24). Dios es nuestro primer aliado, nos capacita para hacer en nosotros lo que Él pide: “Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Filipenses 2:13).

Dios nos ayuda también de otra manera para poder cumplir la orden. Dice: “anda delante de mí”. Podemos practicar la presencia de Dios al estar conscientes cada minuto del día de  que Él me ve siempre.