DEVOCIONALES VISITAS A GÉNESIS


Prototipo de Cristo

Día 27

“Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo” (Génesis 14:18-20).
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Lecturas adicionales:

    Salmos 110; Hebreos cc. 5-7.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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Las características de Melquisedec son un prototipo del carácter de Jesucristo. Melquisedec significa: rey de justicia, rey de rectitud, un carácter santo. Su morada es Salem: lugar de paz, una vida de plenitud.
Su oficio: sacerdote del Dios Altísimo. También pudiera traducirse como: príncipe del Dios Altísimo. Tiene acceso a Dios, y por lo tanto es su embajador (intimidad con Dios para interceder por los demás).
Su testimonio: reconoce que Dios es Dios de todo (“Dios Altísimo, poseedor de los cielos y de la tierra”), Dios de poder (“entregó tus enemigos en tu mano”). Sus labios confiesan la experiencia del corazón.
Melquisedec es un personaje enigmático. Es citado sólo en Salmos 110:4; Hebreos 5-10; 6:20; 7:1 y 7:10.
 
A diferencia de todos los sacerdotes judíos, Melquisedec no proviene de una casta de sacerdotes; simplemente es el “sacerdote del Dios Altísimo.” Fue Dios mismo quien lo asignó, no fue el resultado de herencia.
 
El autor de Hebreos dice de Jesucristo que Él no se exaltó a sí mismo sino que fue “sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec” (5:5-6), citando al Salmo 110:4.
 
Es muy interesante el contraste en el pasaje de Génesis 14 en donde aparecen dos reyes terrenales, Melquisedec y el rey de Sodoma. Abram le ofrece los diezmos de todo lo que conquistó en la batalla, a Melquisedecad. Sin embargo, Abram trata diferente al rey de Sodoma quien le pide “personas” y le dice que se quede con las cosas recogidas en batalla. Abram le dice:  “nada tomaré de todo lo que es tuyo, para que no digas: Yo enriquecí a Abram” (v. 23).
 
Al sacerdote del Dios Altísimo (Melquisedec), Abram lo reconoce como el administrador de lo que es de Dios; al rey de Sodama, no le rinde nada, ni le da crédito.
 
Así como Melquisedec, Jesús vino a administrar el plan de salvación de Dios pues “entró por nosotros como precursor [al lugar santísimo, v 19], hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec” (Hebreos 6:20).