DEVOCIONALES VISITAS A GÉNESIS


Común y corriente, pero muy valioso

Día 222

  “Hizo también Bezaleel el arca de madera de acacia; su longitud era de dos codos y medio, su anchura de codo y medio, y su altura de codo y medio. Y la cubrió de oro puro por dentro y por fuera, y le hizo una cornisa de oro en derredor” (Éxodo 37:1-2).
  • Leer
  • Meditar
  • Escribir
  • Aplicar
  • Orar
  • Compartir

Lecturas adicionales:

    Salmos 22:26b;  69:32b; Romanos 5:5; 1 Corintios 6:19; 2 Corintios 4:16;.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
Para guardar sus progresos debe registrarse o iniciar sesión


2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
Para guardar sus progresos debe registrarse o iniciar sesión

El arca del pacto era el lugar donde se posaba la presencia de Dios durante la travesía del desierto y en el templo. Representa nuestros corazones: “Y cuando entraba Moisés en el tabernáculo de reunión, para hablar con Dios, oía la voz que le hablaba de encima del propiciatorio que estaba sobre el arca del testimonio, de entre los dos querubines; y hablaba con él” (Números 7:89).

La madera de acacia, en la época del Éxodo, era un arbusto espinoso común y corriente. Pareciera ser que la zarza que ardió en el desierto cuando le habló Dios a Moisés era una acacia. La acacia nos representa a nosotros, humanos, débiles, comunes y corrientes; espinosos arbustos listos para el fuego. La acacia representa el material del que estamos hechos, finitos: “Hizo también Bezaleel el arca de madera de acacia...” (Éxodo 37:1).
“Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros” (2 Corintios 4:7).

La orden de Dios fue revestir esta caja común y corriente con el material más excelente, oro. Significa el recubrimiento de nuestros corazones por la presencia de Dios y la purificación de nuestros corazones.

“Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros; y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones” (Hechos 15:8-9).

Hoy oro para que Dios recubra nuestros corazones con su pureza, por dentro y por fuera, para que su presencia se pueda posar sobre nosotros, y que desde nuestros corazones Él pueda brillar a un mundo que necesita desesperadamente a Dios.