DEVOCIONALES VISITAS A GÉNESIS


Mi vida, “Casa de oración será llamada”

Día 179

  “Y Aarón quemará incienso aromático sobre él; cada mañana cuando aliste las lámparas lo quemará. Y cuando Aarón encienda las lámparas al anochecer, quemará el incienso; rito perpetuo delante de Jehová por vuestras generaciones. No ofreceréis sobre él incienso extraño, ni holocausto, ni ofrenda; ni tampoco derramaréis sobre él libación” (Éxodo 30:7-9).
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Lecturas adicionales:

    Nehemías 1:6; Salmo 141:2; ;  Isaías 1:13; Malaquías 1:11; Mateo 21:13.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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El sacerdote debía ofrecer incienso permanentemente en el templo. Esta era una orden que debía cumplir.

Hoy todo creyente, puesto que es real sacerdocio, debe ofrecer incienso delante de Jehová. Ese incienso son nuestras oraciones: “Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono. Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos” (Apocalipsis 8:3-4).

“Yo los llevaré a mi santo monte, y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos” (Isaías 56:7).

Nuestras ofrendas a Dios deben ser puras y santas para que no muramos: “Nadab y Abiú, hijos de Aarón… ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó. Y salió fuego de delante de Jehová y los quemó, y murieron delante de Jehová” (Levítico 10:1-2).

La vida de oración dará como resultado el conocimiento de Dios en todo lugar. Muchos vendrán y conocerán a Dios. Jesús mismo nos dio ejemplo de una vida de oración.
“Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento” (2 Corintios 2:14).

Hoy oro para que nuestra vida sea un aroma que se esparza dondequiera estemos como testimonio de quién es Dios en nosotros.