DEVOCIONALES VISITAS A GÉNESIS


Tiempo de espera

Día 170

“Entonces Moisés subió al monte, y una nube cubrió el monte. Y la gloria de Jehová reposó sobre el monte Sinaí, y la nube lo cubrió por seis días; y al séptimo día llamó a Moisés de en medio de la nube. Y la apariencia de la gloria de Jehová era como un fuego abrasador en la cumbre del monte, a los ojos de los hijos de Israel. Y entró Moisés en medio de la nube, y subió al monte; y estuvo Moisés en el monte cuarenta días y cuarenta noches” (Éxodo 24:15-18).  
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Lecturas adicionales:

    2 Crónicas 5:14; Salmos 19:1; 79:9; Isaías 35:2; 60:19; Ezequiel 8:4; Hechos 7:55.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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Dios nos llama a subir a su monte santo porque quiere hablarnos. La obediencia a este llamado requiere esfuerzo personal, diligencia. Él nos llama, debemos subir: “Entonces Moisés subió al monte...” (v. 15).
El tiempo con Dios es muy personal. Es tiempo en privado. Es tiempo a solas: “Entonces Moisés subió al monte, y una nube cubrió el monte” (v. 15).

Antes de experimentar la presencia de Dios, experimentaremos su gloria: “Y la gloria de Jehová reposó sobre el monte Sinaí, y la nube lo cubrió por seis días; y al séptimo día llamó a Moisés de en medio de la nube” (v. 16).
“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14).

El encuentro con Dios requiere de espera, paciencia, y nos prepara para estar con Dios. Dios toma la iniciativa y nos encuentra si nos ponemos a su disposición. Nos encuentra en sus términos, no en los nuestros. Nos encuentra en su tiempo, no en el nuestro: “... y al séptimo día llamó a Moisés de en medio de la nube” (v. 16).

La espera es necesaria para poder adaptar nuestra vida a la presencia de Dios: “Y la apariencia de la gloria de Jehová era como un fuego abrasador en la cumbre del monte, a los ojos de los hijos de Israel” (v. 17).

Al estar en la presencia de Dios, perdemos noción del tiempo. Estamos allí tanto tiempo como Él necesite para formarnos a su imagen: “y estuvo Moisés en el monte cuarenta días y cuarenta noches” (v. 19).

Hoy oro para que respondamos al llamado de Dios de ir a estar con Él en su monte santo.