DEVOCIONALES VISITAS A GÉNESIS


Compitiendo con los Rodríguez

Día 161

“No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo” (Éxodo 20:17).
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Lecturas adicionales:

    Proverbio 1:19; 21:26; Isaías 57:17; 1 Timoteo 6:10.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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Este mandamiento es otra orden de Dios. Tenemos una sola opción ante esta orden: ¡Obedecerla!: “No codiciarás” (v. 17a). Jesús nos amonesta a examinar lo que hay en nuestro corazón, es allí donde codiciamos: “Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Lucas 12:34).

Definición de codiciar: “Desear o buscar algo para gozarlo como propio”. No somos dueños, sólo somos mayordomos: “De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan” (Salmo 24:1).

Codiciar es el acto de llenar el corazón con cosas, personas, títulos, ciencia, etc., y hacerlos “señores” [dueños] de nuestra vida. La codicia produce guerras, divorcios, y toda clase de males: “¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites” (Santiago 4:1-3).

Limpiemos nuestro corazón de todo lo que hemos “codiciado”. “Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros; y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones” (Hechos 15:8-9).

Hoy oro para que tengamos contentamiento. Oro para que estemos satisfechos con lo que Dios nos ha dado. Oro para que “busquemos ante todo” el reino de Dios, sabiendo que Él nos dará las añadiduras que necesitemos para su Reino.