DEVOCIONALES VISITAS A GÉNESIS


¡Celebración!

Día 136

“Entonces cantó Moisés y los hijos de Israel este cántico a Jehová, y dijeron: Cantaré yo a Jehová, porque se ha magnificado grandemente; ha echado en el mar al caballo y al jinete” (Éxodo 15:1).
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Lecturas adicionales:

    Salmos 9:1-2; 33:1-5; 34:1-3; 92:1-4; Apocalipsis 5:13.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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La alabanza y la adoración son el resultado de presenciar los actos de Dios en vivo y en directo en nuestra vida (¿los estamos viendo?): “Entonces cantó Moisés y los hijos de Israel este cántico a Jehová” (v. 1a).

“Te alabaré, oh Jehová, con todo mi corazón; contaré todas tus maravillas” (Salmo 9:1). Si Dios no se está magnificando en poder en nuestra vida, la alabanza y la adoración son simplemente actos religiosos (se convierten en repeticiones y en hábito emocional): “¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma? Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios” (Miqueas 6:6-8).

La alabanza y la adoración declaran que solo Dios es Dios, los que pretenden tal posición terminan en nada: “... Cantaré yo a Jehová, porque se ha magnificado grandemente; ha echado en el mar al caballo y al jinete” (v. 1).

Nuestra vida debe ser una continua alabanza y adoración que magnifiquen a Dios: “conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada seré avergonzado; antes bien con toda confianza, como siempre, ahora también será magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte” (Filipenses 1:20).

Hoy oro para que nuestra vida sea instrumento que magnifique a Dios. Él hace proezas en nuestros ministerios.