DEVOCIONALES VISITAS A GÉNESIS


¿Qué debo decir ante la misión?

Día 106

“Además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos... y he dicho: Yo os sacaré de la aflicción de Egipto…” (Éxodo 3:15,17. Leer vv.19-20-).
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Lecturas adicionales:

    Marcos 1:3; Juan 16:33; 1 Timoteo 1:7, 17; 1 Juan 4:4.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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Dios le da instrucciones específicas a Moisés. Él nos dice lo que debemos decir: “Yo Soy”, es el Dios atemporal. Dios no sólo es el Dios de la historia, sino el Dios de todos los tiempos aún antes del principio, y hasta la eternidad. Él es: “Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos” (v. 15).

El llamado de Dios requiere obediencia. ¡Obediencia práctica!, asumir el liderazgo y buscar seguidores; transmitir el llamado y el mensaje de esperanza a los demás: “Ve, y reúne a los ancianos de Israel, y diles: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, me apareció diciendo: En verdad os he visitado, y he visto lo que se os hace en Egipto” (v. 16).

El llamado de Dios es profético. Implica anunciar las buenas nuevas de Dios a un pueblo afligido: “y he dicho: Yo os sacaré de la aflicción de Egipto a la tierra… que fluye leche y miel” (v. 17). Dios advierte que tendremos oposición y dificultad en el cumplimiento de la misión. Sin embargo, todo lo que necesitemos se encuentra en Él: Ante el llamado de Dios siempre habrá oposición: “Mas yo sé que el rey de Egipto no os dejará ir sino por mano fuerte. Pero yo extenderé mi mano, y heriré a Egipto con todas mis maravillas que haré en él, y entonces os dejará ir” (vv. 19-20).

Al cumplir el llamado tendremos lo necesario para hacer efectiva la misión y aún más: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19).

Hoy oro para que ¡no descuidemos estos principios!