DEVOCIONALES VISITAS A GÉNESIS


Misión

Día 104

“Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel” (Éxodo 3:10).
  • Leer
  • Meditar
  • Escribir
  • Aplicar
  • Orar
  • Compartir

Lecturas adicionales:

    Génesis 2:2; Mateo 11:28; Hebreos 4:10.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
Para guardar sus progresos debe registrarse o iniciar sesión


2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
Para guardar sus progresos debe registrarse o iniciar sesión

Examinemos algunos principios bíblicos acerca del llamado de Dios: Dios nos invita a ir a Él. No nos invita a “hacer”, sino a estar con Él y a ser partícipes de su naturaleza: “Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres” (Mateo 4:19). ¡El llamado es a descansar en Él! Cuando descansamos en Él, entonces comenzamos a escucharlo.

Una vez que vamos a Dios y experimentamos su presencia y la transformación de nuestra vida, tenemos su “sentir” y “corazón”; entonces, Él nos envía: “y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel” (v. 10). Dios siempre es muy claro en el llamado que nos hace. Su llamado no es ambiguo, su llamado no es inconsistente con lo que Él es, con su carácter.

Ante el llamado de Dios debemos responder como el salmista: “Entenderé el camino de la perfección cuando vengas a mí. En la integridad de mi corazón andaré en medio de mi casa” (Salmo 101:2). La claridad de entender su llamado a “ser” (“el camino de la perfección”) comienza en “mi casa”. Es allí donde demostramos la “integridad de corazón”.

El llamado de Dios a Moisés lo hace hoy Jesús a cada uno de nosotros: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28:19). “Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío” (Juan 20:21).

Una vez que Dios nos envía y nos da una misión, aunque nosotros pongamos excusas, Él tiene la certidumbre (seguridad) que nos garantiza que cumplirá la misión por medio de nosotros (Éxodo 10:11-14).