DEVOCIONALES VISITAS A GÉNESIS


Usando los fines incorrectos para cumplir la misión de Dios

Día 100

“En aquellos días sucedió que crecido ya Moisés, salió a sus hermanos, y los vio en sus duras tareas, y observó a un egipcio que golpeaba a uno de los hebreos, sus hermanos. Entonces miró a todas partes, y viendo que no parecía nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena” (Éxodo 2:11-12. Leer vv. 13-15).
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Lecturas adicionales:

    Deuteronomio 28:1; Salmos 37:34; 40:8; 143:10; Colosenses 1:9; Santiago 4:10.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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La visión y pasión correctas ejecutadas en el tiempo equivocado y con nuestra propia fuerza nos alejan del propósito de Dios para nuestra vida. Moisés tuvo la visión correcta, vio la necesidad de sus hermanos. Él “... observó a un egipcio que golpeaba a uno de los hebreos, sus hermanos” (v. 11), pero actuó con sus propias fuerzas, sin esperar la dirección de Dios. Moisés actuó basado en sus emociones, en su patriotismo, en su entrenamiento, y se adjudicó en el tiempo equivocado el papel que Dios tenía para él.

Moisés pensó que nadie lo veía, pero se equivocó, pues alguien lo vio (v. 14). Él utilizó la fuerza bruta (o de bruto), “mató al egipcio y lo escondió en la arena” (v. 12b) y se adjudicó el liderazgo sin que Dios se lo diera (v. 13). Al adjudicarse el liderazgo, tenía pasión y fuerza, pero no autoridad: “¿Quién te ha puesto a ti por príncipe y juez sobre nosotros?” (v. 14). Nuestra única autoridad es la que Dios nos da, por nosotros mismos no tenemos ninguna autoridad.

Las consecuencias, de autonombrarse líder sin que Dios lo asignara, fueron: Miedo, culpabilidad, sentido de persecución, la pérdida de todo lo que había recibido de Dios. Se convirtió en un prófugo. La misión y el propósito de Dios para nuestra vida dependen del poder del Espíritu obrando a través de nosotros. Nuestra parte es capacitarnos con todas nuestras fuerzas y facultades; la parte de Dios es darnos su poder, y usarnos a su manera.

Aunque conozcamos la misión debemos hacerla a la manera de Dios, no a la nuestra.
Hoy oro para que sea Dios quien nos guíe en todo a través de su Santo Espíritu.