DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


Claves sobre el testimonio

Día 92

“... Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan; porque las obras que el Padre me dio para que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me ha enviado” (Juan 5:31-36).
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Lecturas adicionales:

    Mateo 3:17-17; 17:5; Hechos 15:8; 20:23; Romanos 8:16; Filipenses 2:13.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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Jesús es muy claro sobre el testimonio. Hay peligro cuando testificamos de nosotros mismos. ¿Cuál es el móvil de hablar de nuestros “logros”? “Si yo [Jesús] doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio no es verdadero” (v. 31). 

Aunque Juan el Bautista era un hombre santo, Jesús no aceptó el testimonio de él: “Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él dio testimonio de la verdad. Pero yo no recibo testimonio de hombre alguno; mas digo esto, para que vosotros seáis salvos. El era antorcha que ardía y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz” (vv. 33-35). 

Jesús acepta un único testimonio y es el testimonio de Dios. Cuando Juan bautizó a Jesús, la multitud que estaba presente vio el testimonio del Espíritu Santo en forma de paloma posándose sobre Jesús y escucharon la voz del Padre testificando acerca de su Hijo. 

El testimonio del Espíritu en nuestra vida se evidencia por la vida de santidad que es el reflejo de la vida de Dios dentro nuestro, y lo que Él hace a través nuestro: “Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan; porque las obras que el Padre me dio para que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me ha enviado” (v. 36). 

El testimonio que Dios da respecto a nosotros tiene que ver con cumplir su propósito en nuestra vida, no con nuestras metas, o con los proyectos que tengamos: “porque las obras que el Padre me dio para que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me ha enviado”.