DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


¿Qué busca?

Día 91

“No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre” (Juan 5:30).
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Lecturas adicionales:

    Salmos 40:8; 143:10; Mateo 6:10; Romanos 12:2.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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“No puedo yo hacer nada por mí mismo” habla de completa dependencia. Esta frase no se refiere a ser incapaz. Es una frase que indica fidelidad absoluta, comunión intima, amor profundo y seguridad total. 

Tal vez lo más difícil que alguien pueda hacer es rendir su voluntad. Rendir nuestra voluntad a otra persona es hacernos vulnerable, es estar dispuesto a renunciar a los derechos por hacer lo que otro pide. 

Rendir la voluntad es algo peligroso. No debemos rendir nuestra voluntad a cualquier causa ni a cualquier persona. Debemos saber a quién rendir nuestra voluntad. 

Realmente sólo debemos rendirla a Dios. Jesús describe esta acción de la siguiente manera: “Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento” (Marcos 12:30). 

Rendir mi voluntad para que se haga la voluntad de Dios en mi vida parece algo difícil y casi imposible de hacer, pero cuando comenzamos a caminar en la voluntad de Dios, cuando comenzamos a cumplir cada uno de sus mandamientos y a agradarlo a Él con nuestra vida, es cuando comenzamos a encontrar completa paz, vida en abundancia y respuestas al actuar de Dios a través de nosotros.
 
No hay nada mejor en el mundo que el estar en sus caminos cumpliendo su voluntad. 

Jesús dice: “... no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre” (Juan 5:30). El resultado de hacer la voluntad del Padre fue: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.