DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


Hijo de Dios, el Más Alto Privilegio

Día 9

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12).
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Lecturas adicionales:

    Juan 8:39, 41, 44; Efesios 2:3; 1 Juan 3:1
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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Recibir a Jesús es creer en Él. Es un acto de fe. Creer que Jesús por amor a mí murió en la cruz del Calvario para perdonar y limpiar todos mis pecados.

“El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Juan 3:18).Recibir a Jesús es aceptar el regalo que Él quiere darme. Él quiere darme vida eterna y salvación. Él nos quiere bendecir. Jesús es el único que puede darnos verdadera salvación, paz, gozo y esperanza.

Creer en su nombre, es aceptar todo lo que Jesús es. Aceptar que Él es Dios; que tiene poder para transformar a cualquier persona. Creer que me puede transformar milagrosamente. Creer que Él es el Señor y Rey del universo y que si lo a acepto será el Señor y Rey de mi vida. Creer que sin Él la vida no tiene sentido ni vale la pena.

A todos aquellos que lo reciben y que creen en Él, Jesús les da el privilegio de recibir una nueva naturaleza: La de ser hijos de Dios.

Cuando creo en Jesús y lo recibo como mi Salvador, comienzo una nueva vida, una nueva relación con Dios y a través de su Palabra comenzamos a crecer en el conocimiento del Padre y del Hijo a través de la ayuda del Espíritu Santo.

En cierto sentido todos somos criaturas de Dios, hechura de Él. Pero la filiación divina (los derechos de hijos de Dios) sólo los tienen los que lo reciben y creen en Jesús. No hay mayor privilegio que este en toda la creación.

Si no somos hijos de Dios, somos hijos de ira.