DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


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Día 89

“De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán. Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo” (Juan 5:25-26).
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Lecturas adicionales:

    Marcos 1:15; Juan 10:10; 2 Corintios 6:2; Gálatas 4:4.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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Jesús comienza otra vez diciendo “amén, amén”. Pongan atención, lo que voy a decir es importante. 

Da un anuncio que todos debemos oír: “Viene la hora, y ahora es”. Esta es una hora inesperada, es una sorpresa; cuando llegue nadie lo podrá evitar. Es el día cuando se acabe el ofrecimiento de salvación, pero también es el día que los que no la aceptan entran en juicio. 

En Mateo Jesús lo anuncia así: “Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre” (Mateo 24:36). Es la hora del juicio eterno, que puede evitarse solamente con aceptar la vida eterna que provee Jesús. 

Hoy es el día de salvación. Hoy cualquiera que esté muerto tiene la posibilidad de vida eterna: “ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán”. Jesús habla de los muertos en espíritu; que son aquellos que viven en pecado. 

Jesús no sólo da vida, Él es vida. Tenerlo a Él es tener vida. Él posee autoridad para dar vida verdadera, vida que satisface, vida plena, vida abundante: “así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo”. El Hijo, Jesucristo es vida; cualquier persona que entra en relación personal con Él, recibe de su vida. 

La vida eterna que Jesús provee no es una bendición futura. Ésta es una bendición que inmediatamente entra en vigendecide seguir a Jesús y su Palabra radicalmente. Cuando nos convertimos, nacemos de nuevo, inmediatamente comenzamos a participar de la vida eterna.