DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


¡Honra y juicio!

Día 87

“Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió” (Juan 5:22-23).
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Lecturas adicionales:

    Mateo 7:1-3; 1 Juan 2:1-2; 4:17; Apocalipsis 20:12.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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Tal es la confianza que el Padre ha dado a Jesús, su Hijo, que le entrega la autoridad de juzgar a las personas. Ninguna otra persona puede juzgar las intenciones de nadie. 

Juzgar a alguien significa más que ver las acciones. Realmente significa ir alo más profundo del corazón y creer que puede ver la motivación y la intención de lo que la persona hizo. 

Nadie puede ver las intenciones o motivaciones de otro, sólo Dios. Ante Jesús nuestro corazón está al descubierto. De allí que su juicio siempre será justo. 

Si estamos del lado de Jesús, permitiendo que Él sea quien gobierne nuestra vida, entonces, nuestros móviles, intenciones y motivaciones serán puras. Por medio de Él somos puros y su amor obrará a través de nosotros. Si estamos en Cristo y vivimos en Cristo, Él será nuestro abogado el día del juicio. 

Si nosotros tratamos de amar por nosotros mismos, nuestras intenciones siempre querrán recibir retribución, es decir, amamos de forma egoísta. A diferencia de Dios que ama sin interés alguno, nosotros sólo buscamos nuestro máximo bienestar. Él puede darnos “el perfecto amor” (1 Juan 4:18). “Y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Corintios 5:15). 

Ahora bien, si Jesús gobierna, la motivación de nuestras acciones serán santas y puras. De alguna forma que no entendemos, Dios recibirá la honra, porque todos sabrán que no somos nosotros, sino Jesús que está en nosotros. Como Él lo dijo: “Porque separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5b).