DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


Casa de misericordia

Día 76

y subió Jesús a Jerusalén. Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque... yacía una multitud de enfermos... que esperaban el movimiento del agua” (Juan 5:1-3).
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Lecturas adicionales:

    Lamentaciones 3:26; Mateo 15:30; Romanos 8:24-25; Colosenses 1:27.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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Hoy hay muchas personas que “esperan el movimiento del agua”, espera que un enviado del cielo venga a ayudarlos: “yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos”. 

Hay muchos que esperan “un ángel” que les dé buenas noticias. Esperan alguien que les dé no sólo esperanza, sino una solución a su condición desventurada. 

Desafortunadamente en el “estanque Betesda” o casa de misericordia, había sólo una oportunidad, para “el primero que descendía al estanque después del movimiento del agua”. 

En nuestro mundo hoy sólo hay oportunidad y esperanza para el mejor, para el “primero”. 

De hecho, a diario escuchamos de oportunidades, ofertas gratis, gangas que son esperanza vacía; salidas fáciles y dañinas. Pocos reciben el primer premio, los demás, quedan desesperanzados. 

Betesda era la casa de misericordia, pero sólo una vez al año y para el primero, para el más vivo, para el más audaz. 

El enfermo paralítico de este pasaje no tiene ni siquiera derecho a la esperanza, no puede “correr”, no puede competir por entrar al estanque de misericordia. Nunca será el primero. Su vida está limitada a un lecho, a depender totalmente de otros. 

Hoy, y gracias a Dios, nosotros somos la nueva Betesda, la nueva casa de esperanza, pues en nosotros vive nada menos y nadie más que Jesús la esperanza, quién ha demostrado su misericordia por nosotros. 

Jesús en nosotros, no sólo nos da esperanza, sino que somos embajadores de esperanza en nombre de Cristo (2 Corintios 5:20) para todo aquel que esté cerca de nosotros.