DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


Conectados a la Fuente

Día 7

“No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz...” (Juan 1:8-10).
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Lecturas adicionales:

    Juan 3.28; 1 Tesalonicenses 4.5-7; 1 Juan 5.20
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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Aunque Dios nos ha llamado a ser luz del mundo, nosotros no somos la luz, sólo reflejamos la luz, reflejamos a Jesús. Él es la luz del mundo. Reflejamos a Jesús de adentro hacia afuera. Desde nuestros corazones hacia afuera, a través de lo que somos, decimos y hacemos.

Jesús es la luz verdadera. Él alumbra a toda persona. Nadie se escapó, ni se escapará de ver su Luz. Aunque no entendemos todo, esa es la razón por la que existimos para presentar la luz de Jesús a otros.

“El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; y a los asentados en región de sombra de muerte, Luz les resplandeció. Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4:16, 17). Es asombroso ver cómo en Isaías 9:1 y 2 (y otros muchos pasajes del Antiguo Testamento) profetizaron acerca de esta Luz con estas mismas palabras unos seiscientos años antes de que esto sucediera.

El mundo no lo conoce, y no lo conoció. Es por esta razón que como cristianos somos tan importantes para Dios. Estamos en misión con Dios. Somos sus embajadores. “Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios” (2 Corintios 5:20). También dice: “Así, pues, nosotros, como colaboradores suyos, os exhortamos también a que no recibáis en vano la gracia de Dios” (2 Corintios 6:1).