DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


¿Cuál es la mejor forma de adorar a Dios?

Día 68

“Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:23-24).
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Lecturas adicionales:

    1 Crónicas 16:29; Salmos 51:17; 96:9; Mateo 14:33; Juan 14:6; Hechos 7:48; 1 Corintios 3:16; Efesios 1:6.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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¿Cuándo debo adorar a Dios? “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre”. Hoy, en este momento.

¡Nuestro agradecimiento es tal que no podemos esperar! Estamos desesperados por adorar a Dios.

¿Dónde debo adorar a Dios? Somos el “templo de Dios”. Él está en mí, allí debo adorarlo. Debo ir a su templo (yo mismo), y postrarme en su presencia y adorarlo.

La clave es reconocer la presencia en todo lo que hago, digo, pienso. ¡Es la práctica de su presencia!

¿Cómo debo adorarlo? (a) “En espíritu”. La única adoración que el Dios verdadero recibe es de un cristiano. Debo haber nacido del Espíritu para poder adorarlo.

Debo adorarlo “en verdad”. Esto significa una transparencia total con Dios. Todos mis actos, pensamientos y palabras deben ser un acto de adoración para Él. Esta es la única forma de adorar.

Dios está en la búsqueda de “ tales adoradores”: los que le adoran, en espíritu.

El versículo dice: “Es necesario”. Adorar es la necesidad primaria de toda persona antes que cualquier otra acción o actividad. Fuimos creados para adorar a Dios de allí, que esta sea la necesidad primordial de todo individuo.

Lo hermoso de la necesidad de adorar es que solo Dios la satisface, y solo Él nos equipa para adorarlo: “en espíritu y en verdad”.

Él nos salva y santifica para que podamos postrarnos y adorarlo en “la hermosura de la santidad”.

La hermosura de la santidad que Él nos da, y la hermosura de la santidad que Él es. ¡Adoramos sumergidos en santidad!