DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


Arrepentimiento que nos da vida abundante

Día 64

La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla. Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá” (Juan 4:15-16).
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Lecturas adicionales:

    Salmos 139:23; Hechos 11:18; Juan 16:8.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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La oferta de Jesús de “una fuente de agua que salte para vida eterna” (v. 14) es muy atractiva, y difícil de rechazar. La mujer dijo: “Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla”.

Cuando Dios intersecta nuestro camino y estamos conscientes de su presencia lo buscamos por lo que nos pueda dar, no por lo que Él quiere hacer de nosotros. Lo buscamos para satisfacer nuestra necesidad. ¡Queremos todo lo que Él ofrece, pero nos olvidamos que Él es la respuesta a todo lo que necesitamos!

La mujer quería una vida de prosperidad instantánea: “agua pura gratis, eterna y fácil de obtener”. Ella pensaba en términos materiales mientras que Jesús pensaba en el agua espiritual que da vida eterna. Él se ofrecía a sí mismo como la fuente inagotable de vida.

Jesús tiene que traer a la mujer a la realidad espiritual en donde se encuentra. Él la invita a examinar su propia condición. Él va directo a lo más profundo de su ser, a lo más interno de su corazón y le dice: “Ve, llama a tu marido, y ven acá”.

Jesús conocía toda la vida de la samaritana. Él conocía la necesidad más profunda de su corazón.

Jesús la confrontó amorosamente para ayudarla, no para desanimarla ni arruinarla. Sabía que estaba caída y quería darle su poderosa mano para levantarla.

Antes de poder recibir el “don de Dios”, debemos conocer la situación de nuestra vida. ¿Vivimos en pecado o practicando el pecado? El viene a darnos “agua de vida eterna”, primero para limpiarnos, después para saciar nuestras necesidades más íntimas.