DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


¿Quién gobierna a quién?

Día 363

“De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras. Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme” (Juan 21:18-19).
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Lecturas adicionales:

    Hechos 12:1-5; 21:10-11; Gálatas 2:20; 5:24; 2 Corintios 5:14-15.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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La respuesta de Jesús a la declaración de Pedro, “Señor, tú lo sabes todo”, continúa con una profecía de Jesús para Pedro: “Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras. Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme”.

En otras palabras, Jesús le dice a Pedro: “Pedro ahora eres soberano de ti mismo. Te gobiernas a ti mismo. Tu voluntad es diferente de la del Padre. Pero un día, el Padre te gobernará y obedecerás radicalmente la voluntad de Él”.

Jesús le decía: “Estarás tan lleno del Espíritu Santo, tan lleno del amor de Dios, que la pasión de Dios será tu pasión, el deseo de Dios será tu deseo, los sueños de Dios para otros serán tus sueños. Estarás dispuesto a morir por amor a otros así como yo lo hice”.

La única forma de adoptar la visión de Dios para un mundo perdido, de estar “gobernado” por Dios, es cuando alguien está lleno con el Espíritu Santo y apartado enteramente para los asuntos de Dios.

Dios nos ha dado el libre albedrío para tomar decisiones. Eso nunca lo perderemos, siempre podremos tomar o no la decisión de rendir nuestra soberanía a Dios, y permitirle que Él sea nuestro Rey y Señor.

La clave es “ya no vivir más para sí mismo”, una entera consagración a mis sueños, ideales, mi presente, mi futuro. Es una crucifixión personal.

Esto le sucedió a Pedro el día que tuvo su “Pentecostés personal”. Ahora era un Pedro que amaba a Dios con todo su ser. Le entregó todo lo que era, y llegó a ser el gran apóstol Pedro.