DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


Santa insistencia

Día 361

“Por tercera vez Jesús le preguntó: —Simón, hijo de Juan, ¿me quieres? A Pedro le dolió que por tercera vez Jesús le hubiera preguntado: «¿Me quieres?» Así que le dijo: —Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero. —Apacienta mis ovejas —le dijo Jesús” (Juan 21:17; NVI).
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Lecturas adicionales:

    Salmos 95:7; Juan 10:14-16; Hebreos 13:20-21; 1 Pedro 2:25.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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Jesús le pregunta la tercera vez a Pedro si lo ama. Sin embargo, esta vez, le pregunta con otro verbo: “¿me quieres?”

En las preguntas anteriores Jesús le pregunta: “¿Me amas?” y Pedro le contesta: “Te quiero”.

Lo lindo de este hecho es cómo Jesús sabe que Pedro aún no está listo para amar al estilo “ágape” y dar su vida por Jesús. Pedro sólo lo aprecia con amor humano. Aún no está lleno de “ágape”. Pedro aún está lleno de sí mismo.

Jesús trata con Pedro en el nivel en dónde él se encuentra. Está en el nivel “te quiero”, aún no está lleno del amor de Dios.

Creo que Pedro tenía temor y vergüenza de hacerle nuevamente una promesa a Jesús. Cuando nos damos cuenta de nuestra humanidad, sólo podemos decirle a Jesús un “te quiero”, pero una vez que seamos llenos del Espíritu Santo, podremos decir con toda seguridad y sinceridad un “te amo” Jesús, con todo mi corazón, con toda me mente, con toda mi alma y con todo mi ser.

Jesús le dice a Pedro y a sus otros discípulos que esperen “la promesa del Padre” (Lucas 24:49). Allí Jesús llevará a Pedro a ser lleno con el Espíritu Santo, lleno de Dios, lleno de amor “ágape”, y así podrá Pedro amar a Dios con todo su ser.

La meta no es solo para Pedro, sino para todo cristiano es alta como lo leemos en Efesios 4:12-13: “a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”.