DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


¿Qué hacemos con las llaves del Reino? (Segunda parte)

Día 354

“A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos” (Juan 20:23).
  • Leer
  • Meditar
  • Escribir
  • Aplicar
  • Orar
  • Compartir

Lecturas adicionales:

    Hechos 2:38-39; 3:19-20; 1 Timoteo 1:19-20; Hebreos 10:25; Santiago 5:19-20.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
Para guardar sus progresos debe registrarse o iniciar sesión


2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
Para guardar sus progresos debe registrarse o iniciar sesión

 Atar y desatar en la tierra con consecuencias celestiales tiene que ver principalmente con mis actitudes hacia otros, la responsabilidad de perdonar “setenta veces siete” (tantas veces como sea necesario).

Atar y desatar en la tierra con consecuencias celestiales está relacionado con la obra purificadora del Espíritu Santo. Ser limpiados del egoísmo carnal de “mi misión, mis intereses” para “... conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios” (Efesios 3:19) que está dispuesto a perdonar setenta veces siete y ser un agente de reconciliación: “Sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados” (Santiago 5:20). No podemos ignorar lo que dice 1 Pedro 4:8: “Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados”. Hay ocasiones en las que es muy difícil perdonar a los que nos lastiman; pero primero, tenemos el ejemplo de Jesús, cómo clamó al Padre para que perdonara a aquellos que lo estaban crucificando; y segundo, ¿cómo no perdonar a los que nos ofenden, cuando Dios mismo ha perdonado todas nuestras ofensas, las cuales sobrepasan a las que otros nos han ofendido?

Atar y desatar en la tierra con consecuencias celestiales también concierne con la disciplina amorosa de la iglesia que toma medidas para restituir y levantar al caído. No es una disciplina que abandona, sino una que edifica una nueva relación (véase 2 Corintios 2:5-11).