DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


Escuchando con el corazón

Día 347

“Porque aún no habían entendido la Escritura, que era necesario que él resucitase de los muertos” (Juan 20:9)
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Lecturas adicionales:

    Salmos 25:2; Mateo 11:27; Juan 5:39-40; Hechos 13:26-30; 16:14; Romanos 9:16; 10:17; 11:32-36; 1 Corintios 2:9.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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¿Por qué no entendían las Escrituras? El entender las Escrituras no es simplemente una ecuación matemática. Creo que en este momento ellos no estaban listos para poder entender: “Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, Él os guiará a toda la verdad...” (Juan 16:12-13).

En Lucas 24:16 leemos: “Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen”. Esto no era algo voluntario y vemos cómo se manifestó milagrosamente Jesús delante de ellos: “Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista” (Lucas 24:31).

Lo triste es cuando alguien cierra voluntariamente su corazón para no escuchar lo que dicen las Escrituras, como lo leemos en Hechos 13:27: “Porque los habitantes de Jerusalén y sus gobernantes, no conociendo a Jesús, ni las palabras de los profetas que se leen todos los días de reposo, las cumplieron al condenarle”.

Lo increíble es que las leían cada día de reposo y aun así, no entendían.

Las Buena Nueva es que este velo sí puede ser removido por nuestro Señor Jesucristo: “Pero el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado. Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos. Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará” (2 Corintios 3:14-16).

Al convertirnos a Jesús, entendemos las Escrituras a través del Espíritu Santo: “Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios” (1 Corintios 2:10).