DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


“Vio quitada la piedra del sepulcro... ¡y vio, y creyó!”

Día 346

“El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro. Entonces corrió, y fue... Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó” (Juan 20:1-8).
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Lecturas adicionales:

    Hechos 4:33; Romanos 1:3-5; Efesios 1:19-22; Hebreos 12:2.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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María Magdalena se enfoca primero en las circunstancias: “vio quitada la piedra del sepulcro... entonces corrió, y fue a...”

“Simón Pedro tras él [Juan], y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí, y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte” (vv. 6-7). Pedro se queda callado, ¡pasmado! Una actitud diferente a la de su personalidad explosiva. Tal vez dentro de sí se preguntó: “¿Qué pasa aquí?”

Juan el apóstol, “bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí, pero no entró”. Pero después “entró... y vio, y creyó”. La vida cristiana no puede estar basada en las circunstancias. María Magdalena no se detuvo a pensar en su Maestro y sus Palabras. Ella “corrió” del milagro ante las circunstancias.

La vida cristiana tampoco puede estar basada en las emociones. El impulsivo Pedro se quedó mudo. Su impulsividad no lo acompañó ante lo sobrenatural y lo extraordinario.

Juan al principio sólo asoma la cabeza. Después entra y piensa en las palabras de Jesús. Entonces "vio, y creyó".

¿Qué vio? Juan por fe vio a su Maestro entregando la Palabra: “Tomando Jesús a los doce, les dijo: He aquí subimos a Jerusalén, y se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del Hombre. Pues será entregado a los gentiles, y será escarnecido, y afrentado, y escupido. Y después que le hayan azotado, le matarán; mas al tercer día resucitará” (Lucas 18:31-33).

Juan “creyó”. No fueron las circunstancias, no fue por las emociones, o la personalidad. La fe de Juan se activó al concentrarse en su Señor Jesús y en la Palabra de Él.