DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


Discípulo en proceso - Parte 2

Día 343

“Después de todo esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos, rogó a Pilato que le permitiese llevarse el cuerpo de Jesús; y Pilato se lo concedió. Entonces vino, y se llevó el cuerpo de Jesús” (Juan 19:38).
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Lecturas adicionales:

    Proverbios 29:25; Mateo 27:57-59; Marcos 15:42-45; Lucas 23:50-53; Filipenses 1:14-18.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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José de Arimatea “vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús”. Era un hombre osado que no tenía miedo de los romanos.

José de Arimatea una vez que tenía el cuerpo de Jesús “... compró una sábana, y quitándolo, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña, e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro” (Marcos 15:46).

A pesar de ser osado, generoso, celoso de lo justo (“y no había consentido en el acuerdo ni en los hechos de ellos” [ni de los judíos ni del sanedrín]), aún así, “era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos”.

¿Qué le faltaba a este discípulo de Jesús, pese a ser una persona con influencia social, política, económica, caritativa, que era justa, osada con los romanos, que no participaba en los planes malévolos de sus compañeros políticos?

José de Arimatea no había experimentado “el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él [Jesús] en su muerte” (Filipenses 3:10).

No era un pecador, pero aún cargaba a un Jesús muerto rumbo a la tumba. José no había experimentado lo que Pablo dice en Gálatas 2:20: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”. José necesitaba el PODER de Jesús, poder de resurrección, el poder del Espíritu Santo para testificar abiertamente de su Salvador.

Pero así como los apóstoles tuvieron miedo antes de Pentecostés, sabemos que tanto José de Arimatea como cualquiera de nosotros podemos estar llenos del Espíritu Santo, y ya no tendremos temor.