DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


Grande es este misterio

Día 340

“Vinieron, pues, los soldados, y quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que había sido crucificado con él. Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua” (Juan 19:32-34).
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Lecturas adicionales:

    Deuteronomio 21:23; Isaías 12:2-4; 1 Corintios 10:4; Gálatas 3:13; 1 Juan 5:5-8.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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Jesús es el cumplimiento de toda profecía. Él es el Profeta de profetas. Cualquier profecía o profeta que no apunta a exaltarlo a Él es falsa (“Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare”, Deuteronomio 18:18; véanse también Juan 17:8; 4:25; 8:28 y 12:49-50).

Aunque triste para nosotros, los soldados se aseguraron de que Cristo estuviera muerto: “Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua”.

La muerte de Jesucristo es una doctrina clave de nuestra fe. Su muerte pagó por nuestros pecados, nos limpia de la culpa, nos hace nuevas criaturas, nos provee vida abundante, y vida de plenitud, nos provee el don del Espíritu Santo, nos da paz para con Dios, y nos da paz personal.

Además, al haber estado muerto Jesús, eso asegura que su resurrección fue verdadera, y ratifica nuestra salvación: “Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados” (1 Corintios 15:14-17).

La frase “salió sangre y agua”, simboliza nuestra limpieza en la salvación y la limpieza en la entera santificación.