DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


En medio de dos: "¡tú y yo!"

Día 328

“Y él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota; y allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio” (Juan 19:17-18).
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Lecturas adicionales:

    Isaías 53:12; Mateo 5:44-45; 27:38-39; Marcos 15:27-30; Lucas 23:33-34; Gálatas 3:13-14; 1 Timoteo 1:15.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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La cruz, a diferencia de lo que vemos hoy como símbolo, era un madero áspero, un pedazo de árbol con astillas. Jesús por un tiempo cargó ese madero.

A una persona le extendían los brazos y clavaban al tronco las manos, después lo levantaban y ataban el madero a un árbol. No era muy alto, de manera que la gente casi podía verle a los ojos, escupirlo, gritarlo, maltratarlo verbalmente.

“¡Allí le crucificaron!” El único comentario para expresar este amor son las del apóstol Juan: “... de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

“... y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio”. Un Evangelio dice que son “malhechores”, otro “ladrones”.

La realidad eterna es que Él fue crucificado entre tú y yo (malhechores, ladrones, pecadores).

Aun en medio del maltrato físico, del abuso verbal y psicológico, del dolor físico y espiritual, Jesús decide perdonar en el mismo instante del martirio: “Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34a).

Nuestro deseo al entender el amor de Jesús es: “y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte” (Filipenses 3:9-10).

¡Señor Jesús, gracias, gracias, gracias por ese amor tan grande!