DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


A quién se debe temer

Día 317

“Entonces les dijo Pilato: Tomadle vosotros, y juzgadle según vuestra ley. Y los judíos le dijeron: A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie; para que se cumpliese la palabra que Jesús había dicho, dando a entender de qué muerte iba a morir” (Juan 18:31-32).
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Lecturas adicionales:

    Isaías 26:3-4; 30:18-19; Marcos 2:17; Juan 3:16.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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¿Tenía Pilato el poder y la autoridad para dejar ir libre a Jesús? Él no estaba de acuerdo con las acusaciones que los judíos le hacían a Jesús. Probablemente aún a costa de nuestra vida, de nuestro trabajo y de nuestro confort, siempre tenemos la opción de escoger lo correcto. Sí, la Escritura se tiene que cumplir y en cuanto me sea posible, me pararé del lado de Jesús y no del lado opuesto.

Pilato tuvo temor de lo que César pudiera hacerle, tuvo temor del pueblo y también temor acerca de quién era Jesús.

Leemos en Mateo 10:28: “Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno”.

“A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie”, es una frase curiosa, pues sabemos que en la ley judía, ellos podían dar muerte apedreando a una persona, por quebrar diferentes reglas de su ley.

Aproximadamente 300 años antes de Cristo los romanos introdujeron la crucifixión para castigar a los delincuentes. Se acercaba el cumplimiento de la muerte de Cristo.

Es muy cómodo acusar tanto a los judíos como a los romanos por la crucifixión de Jesús y tratar de pensar que yo no tuve nada que ver con la muerte de Jesús. Sí, los religiosos lo planearon todo, los romanos lo llevaron a la cruz, pero ningún ser humano puede escaparse de esta participación, “por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Aún así, todo esto es el plan de Dios, para la salvación de la humanidad.