DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


Principios de la misión

Día 313

"Y el sumo sacerdote preguntó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina. Jesús le respondió: Yo públicamente he hablado al mundo; siempre he enseñado en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y nada he hablado en oculto" (Juan 18:19-20).
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Lecturas adicionales:

    Hechos 20:28; Colosenses 4:17; 1 Timoteo 4:14-16; Santiago 5:20; 2 Juan 1:8.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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La pregunta del sumo sacerdote a Jesús nos da una perspectiva de las prioridades de Jesús: “sus discípulos y de su doctrina”.

Un discípulo es alguien que aprende de su maestro a hacer lo que éste modela. En esencia este es el corazón de la Gran Comisión: “Id y haced discípulos” (Mateo 28:19).

La “doctrina” es la educación y entrenamiento que recibe un discípulo. Es más que enseñanzas de aula, es la práctica de las enseñanzas. Esta es la metodología de la Gran Comisión: “y enséñenles a obedecer [hacer] todo lo que yo les he mandado” (Mateo 28:20, TLA).

Jesús es muy claro declarando que ésta ha sido la práctica de su misión: “Yo públicamente he hablado al mundo; siempre he enseñado en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y nada he hablado en oculto”.

Pablo le pide a su discípulo Timoteo: “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren” (1 Timoteo 4:16).

La forma de cuidar la vida cristiana (“Ten cuidado de ti mismo”), es modelando a los discípulos lo que somos: “me seréis testigos” (Hechos 1:8); testigos de lo que Jesús ha hecho en nuestra vida; testigos de una salvación tan grande y testigos de todo lo que Jesús nos ha enseñado. Cuidemos nuestra vida cristiana guardando nuestra doctrina y asegurándonos de que en ningún momento nos apartemos de las enseñanzas de la palabra de Dios: “Porque en todas las cosas fuisteis enriquecidos en él, en toda palabra y en toda ciencia” (1 Corintios 1:5).

Esta es la forma de asegurar que tendremos fruto que permanece.