DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


Proceso para preparar el mejor sacrificio

Día 312

“Entonces la compañía de soldados, el tribuno y los alguaciles de los judíos, prendieron a Jesús y le ataron, y le llevaron primeramente a Anás; porque era suegro de Caifás, que era sumo sacerdote aquel año. Era Caifás el que había dado el consejo a los judíos, de que convenía que un solo hombre muriese por el pueblo” (Juan 18:12-14). 
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Lecturas adicionales:

    Génesis 22:9; Salmos 118:25-29; Hebreos 8:1-3; 9:11-13.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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La última cena (Santa Cena) ha acontecido. Judas ha traicionado a Jesús. Jesús ha orado en agonía en el Getsemaní, y también ha orado por sus discípulos y por nosotros (Juan 17).

Ahora el Padre ofrece, el sacrificio perfecto, a Jesucristo. La escena de Abraham ofreciendo a Isaac es una parábola del sufrimiento que tuvo nuestro Dios al ofrecer a “... su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

En ese momento en Jerusalén había dos sumos sacerdotes. El primero, Anás, y el segundo, Caifás (que era sumo sacerdote aquel año), quien llevaría un cordero sin mancha al Lugar Santísimo para ofrecerlo por los pecados del pueblo judío, sin tener idea de que así estaban cumpliendo las Escrituras.

Ahora a éstos le traen atado “... al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).

La aplicación es muy sencilla, pero a la vez sublime y de consecuencias eternas: “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:15-16); “pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados” (Hebreos 10:12-14).