DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


Consistencia versus inconsistencia

Día 311

“Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó, e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco. Jesús entonces dijo a Pedro: Mete tu espada en la vaina; la copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?” (Juan 18:10-11).
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Lecturas adicionales:

    Salmos 110:2-3; Zacarías 4:6; Romanos 6:13-14; 2 Corintios 10:2-5; Efesios 6:12, 17-18.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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Jesús está concentrado siempre en su misión sin importar el dolor o la dificultad. Ahora está siendo arrestado y sus palabras a Pedro son: “La copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?”

Pedro, quiso pelear por su héroe y decide actuar por sus propias fuerzas: “Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó, e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco”.

Hay dos esferas en las que podemos actuar, “por” el Espíritu, o “por” la carne (nuestras propias fuerzas, aptitudes, talentos, personalidad).

“Porque el ocuparse de la carne es muerte... Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios” (Romanos 8:6-8).

No estamos acostumbrados a DEPENDER del Espíritu en cada situación de nuestra vida: “... pero los que son del Espíritu, [piensan] en las cosas del Espíritu... el ocuparse del Espíritu es vida y paz... Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios” (Romanos 8:5-6, 14-16).

Jesús permanece concentrado en hacer la voluntad del Padre y a pesar de que sabía todo lo que le esperaba no dio ni un solo paso hacia atrás. Y en Mateo 24:13 leemos: “Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo”.