DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


Jesús ora por nosotros (3)

Día 305

"La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado" (Juan 17:22-23).
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Lecturas adicionales:

    Éxodo 40:34; 2 Crónicas 7:1-2; Mateo 17:2; Juan 1:14, 16; 2 Corintios 3:18; 4:6-7.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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Jesús está orando por nosotros. Él pide que seamos uno así como el Padre y Él son uno.

Ahora presenta cuál es el factor que hace que seamos uno: su gloria: “La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno”.

Su gloria es su Presencia, que llena y satura.

Sólo ser bautizados y llenos con el Espíritu Santo trae la gloria de Dios a nuestra vida: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Corintios 6:19-20).

Al ser llenos de Él, demostramos su gloria, y se responde su oración: “para que sean perfectos en unidad”.

El ser "perfectos en unidad" nos hará “... irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo” (Filipenses 2:15). Sólo entonces, “el mundo conocerá que Dios envió a Jesús, y que nos ama como también ha amado a Jesús” (Juan 17:23, paráfrasis).

“La gloria que me diste, yo les he dado” es la capacitación para la misión: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo” (Juan 17:17-18).

No podemos hacer misión si su gloria no resplandece a través de nuestra vida, si no demostramos con nuestras palabras, acciones, y compasión, el “tesoro” (Dios), quien mora en “vasos de barro”.