DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


Jesús ora por sus discípulos (6)

Día 300

“Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:17).  
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Lecturas adicionales:

    Juan 14:6; Romanos 6:19; 1 Tesalonicenses 4:3; 4:7; 5:23-24.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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Este es el punto más alto de toda la oración.

Jesús ha orado al Padre para que (1) los guarde en su “nombre, para que sean uno” (v. 11); (2) “para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos” (v. 13); (3) “que los guardes del mal” (v. 15).

Esa es la esencia de la petición. Ahora le pide vehementemente al Padre la forma en que se pueden contestar estas peticiones: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad”.

La única forma de ser santificado es creyendo y experimentando la palabra de Dios. Debo morir a mi palabra, a mis experiencias. Al conocer la palabra de Dios, el corazón de Dios, la voluntad de Dios, el Espíritu Santo y su Palabra nos santifican. La Palabra nos moldea, nos corrige, nos enseña y nos prepara para su obra y para nuestro encuentro con Él al final de los tiempos. Si la Palabra se hace radical, Dios nos santifica. Si buscamos su voluntad y vivimos para agradar a Dios con nuestras vidas, seguiremos siendo moldeados a la imagen de Cristo.

Jesús es la verdad. Jesús es la Palabra encarnada. La Palabra de verdad. La Palabra encarnada y la Palabra escrita no se contradicen en nada. Al ser Jesús la Palabra y el Camino, si andamos con Él y en Él, como dice Isaías 35:8: “... el que anduviere en este camino, por torpe que sea, no se extraviará”.

Jesús es el que bautiza con el Espíritu Santo y fuego.

Ser santificado es permitir que Dios nos aparte, nos prepare (purificándonos) y nos capacite dándonos autoridad y poder para la misión.