DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


El Espíritu Santo brillando a través de mí

Día 275

“Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado” (Juan 16:8-11).
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Lecturas adicionales:

    Mateo 5:14-16; Juan 8:12; Hechos 2:37; Romanos 1:17-19.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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La venida del Espíritu Santo a nuestra vida también hace una diferencia para aquellos que están cerca de nosotros.

Al estar llenos del Espíritu Santo, nuestra vida santa, se convierte en un llamado a la conciencia de otros: “Convencerá al mundo de pecado...” (v. 8); “De pecado, por cuanto no creen en mí” (v. 9). Es curioso que muchas personas piensan que pecado es sólo hacerle daño a alguien, pero aquí vemos que el pecado que conduce a todo pecado es el “no creer en Jesús”. Cuando no creemos no hay temor de Dios, y cuando no hay temor de Dios, hacemos lo que bien nos parece.

Por otro lado, nuestra vida santa también se convierte en un maestro para otros sobre lo que es recto y justo: “convencerá al mundo... de justicia [rectitud]”.

El Espíritu Santo en nosotros también convence al mundo “de juicio”. Cuando otros ven nuestra vida, y la paz que nos gobierna, saben que tenemos confianza en Dios y seguridad de vida eterna.

Nuestra seguridad está en el sacrificio del nuevo pacto a través de la sangre derramada de Jesús, para perdonar todos nuestros pecados y para limpiarnos de toda maldad. El enemigo pudo haber pensado que ganó la victoria cuando Jesús murió, pero... Jesús resucitó y esto lo hizo aún más poderoso contra todo ataque del diablo, pues “el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado”.

Satanás es un enemigo derrotado y trata de engañarnos haciéndonos pensar que seremos derrotados: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).