DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


El testimonio del Espíritu

Día 273

“Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual pro- cede del Padre, él dará testimonio acerca de mí. Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio” (Juan 15:26-27).
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Lecturas adicionales:

    Lucas 24:48; Hechos 1:4-5; 1:8; 15:8-9; Romanos 5:5.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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Debemos saber que la llegada del Espíritu Santo a los corazones de las personas es la promesa de Jesús: “Pero cuando venga el Consolador”. 

No debemos equivocarnos sobre quién es el que envía al Espíritu Santo. Jesús es el que lo envía y el que bautiza con el Espíritu Santo: “A quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad”. 

El Espíritu Santo proviene o procede del Padre: “el cual procede del Padre”. 

Aunque cada miembro de la Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) tiene su función, todos participan en unidad en todas las obras de gracia. 

La función principal del Espíritu Santo es dar testimonio. El Espíritu Santo nunca da testimonio de sí mismo. Siempre testifica de Jesús: “Él dará testimonio acerca de mí”. 

El Espíritu Santo nos testifica de nuestra salvación: Exalta a Jesús, recordándonos lo que Jesús hizo por nosotros en la cruz. “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios” (Romanos 8:16). 

El Espíritu Santo da testimonio de la llenura del Espíritu Santo. Él testifica cómo Jesús nos bautiza con el mismo Espíritu. 

El Espíritu Santo testifica del amor del Padre, y cuando somos llenos de Él, nos llena con su amor. 

La consecuencia del testimonio del Espíritu de Jesús y del amor del Padre en nuestra vida, es que nos hace también a nosotros testigos de Jesús y del amor del Padre: “Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio”. Si Él nos llena, nada podrá detener nuestro testimonio.