DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


El poder de uno = ¡Principios para la multiplicación de discípulos!

Día 27

“Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús. Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo). Y le trajo a Jesús… Y Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro” (Juan 1:40-42, 44).
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Lecturas adicionales:

    Mateo 28:19-20; Marcos 5:14-15; 18-20; Juan 4:28-30; 39-42; Hechos 1:8; 2 Timoteo 2:2
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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La clave para la multiplicación comienza con una persona llena del Espíritu Santo. Juan el Bautista fue lleno con el Espíritu Santo aún en el vientre de su madre.

Juan el Bautista era un hombre de oración. Conocía la voluntad del Padre para su vida. Escuchaba la Palabra de Dios, y cuando vio a Jesús lo reconoció inmediatamente. También reconoció al Espíritu Santo.

Juan el Bautista era un hombre obediente. Lo que el Padre le decía lo tomaba como una orden y era radical en su obediencia. La vida de Juan el Bautista es una demostración de un discípulo radical.

Juan el Bautista tenía una identidad definida. Sabía quién era, cuál era su ministerio. Él vino a exaltar a Cristo y a decrecer en sí mismo.

Juan el Bautista era un líder. Tenía discípulos que lo seguían; tenía credibilidad ante sus discípulos. Así que cuando dijo: “he aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”, sus discípulos le creyeron y siguieron a Jesús.

Esto sucedió ya hace más de 2000 años y siempre seguiremos con esa misma necesidad de conocer a Jesús y de obedecerlo para que otros también puedan satisfacer el vacío de sus vidas conociendo, amando, obedeciendo y siguiendo a Jesús.

Es el PODER DE UNO lleno de Dios, del Espíritu Santo, el poder de Dios en UNO el que hace la diferencia e iniciará una cadena de proclamación de quién es Jesús y una cadena de discípulos y discipuladores. Esto es lo que significa ¡Vivir la Gran Comisión!