DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


Nuestro propósito: “... Os he puesto para...”

Día 269

“No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé” (Juan 15:16).
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Lecturas adicionales:

    Proverbios 11:30; Isaías 27:6; Mateo 7:16-19; Juan 20:21-22; 55:10-11; 1 Corintios 3:6-7; Santiago 3:18.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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Tarde o temprano, todos nos hacemos esta pregunta: ¿Para qué vine yo a este mundo? La palabra de Dios nos responde a esta pregunta de varias maneras y es muy reconfortante saber que no estamos aquí por casualidad.

Dios tiene un plan, un sueño y un propósito para toda persona del planeta. De nosotros depende si aceptamos o no.

Ninguna persona debe sentirse desplazada. Todos hemos sido elegidos por Dios para un propósito concreto.

El llamado y el propósito del llamado son claros: “Y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto”.

Una vez encontrado el propósito de llevar fruto, hay plenitud de gozo en la vida cristiana: “Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre” (Salmos 16:11).

Así como Jesús vino para servir, cuando servimos y damos fruto, no trabajamos sólo para nosotros mismos, sino para bendecir a otros y para que Dios sea glorificado a través de estos frutos, entonces obtendremos verdadera satisfacción y propósito para nuestras vidas.

El centro del asunto consiste en escuchar el llamado de Dios a nuestro propósito y obedecerlo.

El llamado incluye la oración, oración a pedir fruto en todos los aspectos de nuestra vida: “para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé”.

La consecuencia de no cumplir el llamado específico de llevar fruto y fruto que permanezca es trágica: “El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden” (Juan 15:6).