DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


Pidan, ¡pero pidan al Espíritu Santo!

Día 251

“Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré. Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros” (Juan 14:14-17).
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Lecturas adicionales:

    Mateo 3:11; Lucas 11:13; Hechos 1:8; 15:8-9; Romanos 8:15; Efesios 5:18; 1 Tesalonicenses 5:23-24.
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La oración más importante a Dios es pedirle ser lleno con el Espíritu Santo: “Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré ...Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad”.

Dios quiere que el Consolador esté con nosotros “para siempre: el Espíritu de verdad”. Jesús lo dijo en la Gran Comisión: “he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20)

La condición principal para recibir el Espíritu Santo es la obediencia radical por amor a Dios: “Si me amáis, guardad mis mandamientos”.

Muchos quieren recibir la plenitud del Espíritu Santo sin cumplir los requisitos especificados en la Escritura. (1) El testimonio de la salvación (Romanos 8:16); (2) La fe que Jesús me puede bautizar con el Espíritu Santo (Mateo 3:11); (3) Una dedicación completa de mi vida a la voluntad de Dios (Romanos 12:1-2); y (4) Una devoción de obediencia radical a todo lo que Dios dice y me pedirá.

La plenitud del Espíritu Santo es para personas convertidas, para los creyentes discípulos de Cristo, no para los inconversos: “el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce”.

El Espíritu Santo, es el "Espíritu de verdad". Nos guía a toda verdad. Literalmente nos guía a Jesucristo quien dijo: “Yo soy… la verdad” (Juan 14:6).

El Espíritu Santo, es el Consolador, nos acompaña en todas nuestras circunstancias (“para siempre”).

Él no sólo está “con” nosotros, pero está “en” nosotros. Sin Él estamos perdidos.