DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


La demostración que todos buscan

Día 248

“Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe?” (Juan 14:8-9a, Leer vv. 6-11).
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Lecturas adicionales:

    Eclesiastés 3:11; Mateo 5:14; Juan 1:9; Filipenses 3:8-10; 1 Timoteo 1:17.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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Jesús “es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación” (Colosenses 1:15). “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (v. 9b). La imagen de Dios en Jesús fue evidente mientras que vivió aquí en la tierra.

La presencia de Dios en una persona debe demostrar quién es Dios a los que están íntimamente cerca de ella: “¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe?... cómo, pues, dices tú: muéstranos el Padre? ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí?”

Demostramos la presencia de Dios por lo que decimos y por lo que hacemos: “Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras. Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras”.

Los que están a nuestro alrededor buscan llenar su vacío de Dios con algo o con alguien. Están observando y pidiendo una demostración de Dios como lo hizo Felipe: “Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta”.

Cuando reflejamos a Dios a través del Espíritu Santo somos “... irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo” (Filipenses 2:14-15).

Cuando Jesús anduvo en medio de su generación fue la imagen visible de Dios invisible, hoy nos ha puesto Él para que seamos la “luz del mundo”. ¿Qué imagen estamos dando con nuestras respuestas, vocabulario, con nuestras acciones? ¿La de Jesús, la nuestra o la del diablo?