DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


Aceptación

Día 239

“De cierto, de cierto os digo: El que recibe al que yo enviare, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió” (Juan 13:20).
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Lecturas adicionales:

    Mateo 10:42; 25:40; Lucas 10:16; Juan 12:44-47; Colosenses 2:6; 1 Tesalonicenses 4:7-8.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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Somos parte de una gran familia. La familia de la fe cristiana. Somos parte del mismo cuerpo, del cuerpo de Cristo, la iglesia del Señor Jesús, y Él es la cabeza del cuerpo que nos muestra y demuestra al Padre a través de su cuerpo, la iglesia, a través de nosotros.

 De alguna forma, estamos íntimamente interconectados, interrelacionados. Lo que afecta a una parte del cuerpo afecta a la otra parte. El cuerpo de Cristo, no se debe hacer daño a sí mismo. No podemos despojar o cortar una parte del cuerpo, pero sí hay que deshacerse de cualquier cosa que se haya entrometido en el cuerpo haciéndole daño.

 Como cuerpo estamos en misión, y la misión viene de Jesús, que vino a buscarnos y a enviarnos.

 Si alguien nos rechaza debido a nuestra misión, está rechazando a Jesús, y al que lo envió, al Padre.

 La misión no es parcial, es una misión de ser, de hacer. Ser como la Cabeza, ser como Jesús, y a hacer todo lo que Él hizo. En misión no proclamamos nuestras ideas, nuestra “genialidad”, nuestra estrategia. Proclamamos a Cristo y a Cristo crucificado.

 No podemos ministrar o ejecutar la misión permaneciendo aislados. Primero que todo, debemos actuar, sometiéndonos al comando u orden de la Cabeza, Jesucristo. Segundo, debemos hacerlo como parte del cuerpo, del gran equipo del Padre.

 No obedecer todo “el consejo de Dios”, es desobedecer todo el consejo de Dios. No podemos hacer la misión a medias o parcialmente. Es todo o nada.

 Ser parte del cuerpo, con Cristo a la cabeza, garantiza el éxito de la misión.