DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


Permita que Dios lo limpie

Día 236

“Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies?... Si no te lavare, no tendrás parte conmigo...” (Juan 13:6-10).
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Lecturas adicionales:

    Génesis 12:2; Salmos 24:4-6; Gálatas 3:14; Efesios 1:3.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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El arreglo de una cena de pascua en el tiempo de Jesús fue así: El organizador, en este caso Judas, estaba al extremo derecho de una mesa arreglada en “U”. Al lado de él está Jesús, y al lado de Jesús está Juan (quien se recostó en Jesús). Al otro extremo de la mesa está el más humilde, el esclavo que tenía la tarea de lavar los pies. Por la reacción de Pedro: “Señor, ¿tú me lavas los pies?... no me lavarás los pies jamás”, se implica que está en el lugar del esclavo. Pedro no quiso lavar los pies, Jesús tomó el lugar más humilde de la situación.

La respuesta de Jesús: “Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después... si no te lavare, no tendrás parte conmigo” (vv. 7-8), indica su filosofía de vida: amar “a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin” (Juan 13:1).

Pedro no entendió la forma de vida sino hasta que fue lleno de la “mente” de Cristo el día del Pentecostés, hasta que fue lleno del Espíritu Santo.

El lavado de pies no es un asunto de religiosidad, una ceremonia más que añadir (“Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza”) formalidades religiosas. Es un estilo de vida que no implica literalmente el lavar los pies.

El significado del acto, “el que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos” (Juan 13:10), es la limpieza de la fuente de pecado, es ser purificado por la sangre de Cristo. Es andar en novedad de vida. Ser lavado por la sangre de Cristo es la mayor bendición, el mayor de los milagros que alguien pueda recibir.