DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


Servicio de amor, servicio purificador

Día 232

“... Como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin... Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido” (Juan 13:1, 5).
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Lecturas adicionales:

    Ezequiel 36:25; 1 Corintios 6:11; Efesios 5:25-27; Tito 3:4-5; Hebreos 10:22.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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Jesús está en su último día de “libertad” civil. Presenta verdades que guiaron su vida: (1) Él tiene propósito; (2) herencia; (3) identidad; (4) destino; y (5) determinación. Todos estos factores, constantes en la vida de Jesús, culminan en misión, en servicio de amor, en servicio purificador.

El lavamiento de los pies de los discípulos es simbólico de la misión de Jesús. Él vino para purificarnos y para limpiarnos de la suciedad más horrible y contaminante: El pecado.

En el acto de lavar los pies, toma el papel más humilde, demuestra su corazón y misión. El decreció hasta lo sumo para limpiarnos.

Jesús tenía tanta seguridad de sí mismo que no consideró su posición, su deidad, su “abolengo”, sino que se humilló a la forma del menor de los esclavos, la del que lavaba los pies.

Jesús no cargó ningún complejo, ni de superioridad, ni de inferioridad. Él era libre para servir, libre para amar hasta las últimas consecuencias: “había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin”.

¿Cuál es mi papel? Jesús debe ser nuestro patrón. Pablo nos aconseja tomar la vida de Jesús como ejemplo cuando dice: “completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús" (Filipenses 2:2-5).