DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


Dos acciones de Jesús para mi vida

Día 23

“El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo... ése es el que bautiza con el Espíritu Santo” (Juan 1:29, 33).
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Lecturas adicionales:

    Isaías 25:8-9; Mateo 3:11; Hechos 1:4-5; Romanos 3:24-26; Hebreos 2:14; 1 Juan 2:2; 3:5, 8
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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Juan recibió la revelación del Padre de que Jesús es “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”, y que Jesús “es el que bautiza con el Espíritu Santo”.

En el Antiguo Testamento se ofrecía un cordero limpio y sin mancha para pagar (expiar) por el pecado del pueblo. El día de la expiación se rociaba la sangre del cordero sobre la tapa del arca del pacto llamada “propiciatorio”. Puesto que allí estaba la presencia de Dios, la sangre sobre la tapa del arca ocultaba los pecadores de la vista de Dios, por lo tanto también el cordero expiatorio apaciguaba la ira de Dios. Jesús es la propiciación para siempre.

Es decir, Jesús pagó por nuestros pecados con su vida, derramando su sangre en la cruz (expió, borró nuestros pecados), ¡nos justificó! Jesús ocultó nuestros pecados a los ojos de Dios (propició por nuestros pecados).

Ahora que estamos limpios, Él quiere también saturarnos de Dios, llenarnos de Él. Él sólo puede llenar vasijas limpias, de allí que es necesario ser limpiados de pecados para después ser llenos del Espíritu Santo. Antes de llenarnos, Él nos limpia por completo, no sólo de los pecados cometidos, sino también de la pecaminosidad innata; es decir, de la fuente del pecado. La fuente de rebeldía que nos hace desafiar la ley de Dios.

Jesús vino a hacer una obra completa; a salvarnos de nuestros pecados; a darnos una relación de amistad con Dios; a limpiarnos de los pecados cometidos y de la fuente del pecado (Él nos hace nuevas criaturas), pero también Él vino a llenarnos de Dios. Amén.