DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


La paradoja más importante de la vida

Día 222

"De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará" (Juan 12:24-26).
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Lecturas adicionales:

    Salmos 37:4; Mateo 6:21; 20:28; Marcos 9:41; Hebreos 11:24-26.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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Para dar fruto en la vida cristiana hay que morir a las aspiraciones y pretensiones personales dentro del cuerpo de Cristo. Esto no significa inactividad, falta de disciplina, pereza, etc.; al contrario, significa: “y enséñenles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes” (Mateo 28:20, Dios habla hoy). Es hacer la voluntad de Dios: “Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto”.

Tenemos varios ejemplos en la Biblia de personas que preferían morir antes de romper con los mandatos de Dios. Entre ellos Daniel y sus compañeros, a Moisés que prefirió sufrir con su pueblo antes que quedarse en el palacio y por supuesto nuestro ejemplo supremo, Jesús, que dejó todo para hacerse hombre, para vivir entre nosotros recibiendo toda clase de persecución, injusticias y rechazo siendo Él el Santo de Dios; y luego morir por nosotros los pecadores.

Jesús no murió a sí mismo sacrificando unas horas semanales, o unos días o haciendo ciertos trabajos. Literalmente, dio su vida por nosotros.

Aborrecer la vida no significa quitarse la vida (el que aborrece su vida en este mundo”). Significa morir a mis agendas, a mis caprichos, y vivir completamente para los propósitos de Dios para mi vida.

La voluntad de Dios para cualquier persona es servirle con los dones y con lo que Dios le ha confiado, entonces... sólo entonces, el "Padre [nos] honrará".

Empecemos a servir (a ministrar) hoy mismo en el hogar, con la familia, y Dios comenzará a abrir más puertas de servicio.