DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


¡La visión más maravillosa!

Día 22

“El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: Después de mí viene un varón, el cual es antes de mí; porque era primero que yo. Y yo no le conocía; mas para que fuese manifestado a Israel, por esto vine yo bautizando con agua” (Juan 1:29-31).
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Lecturas adicionales:

    Éxodo 12:5; Isaías 53:7; 1 Corintios 5:7; 1 Pedro 1:18-19; Apocalipsis 5:6; 7:17
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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La visión de Juan es la más hermosa y maravillosa que cualquier persona pueda tener. Cuando hablamos de visión no es sólo algo imaginario, o alguna fantasía o un sueño. Juan vio la más increíble de las realidades.

Juan vio el sacrificio que puede traer paz, seguridad, estabilidad y esperanza a cualquier persona.

Juan era un hebreo, y como tal conocía el sistema sacrificial para ser limpiado del pecado entre los judíos. El pecado se paga con la muerte, y muerte eterna. PERO, Dios les dio un sistema en el que se ofrecía un cordero sin mancha, por los pecados de la gente. Éste debía ser sacrificado. Este cordero era un prototipo del Señor Jesucristo.

Juan ve la visión más maravillosa: “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. Más específicamente, ¡mi pecado!

Jesucristo, el Cordero de Dios, ya ha pagado el costo de mis pecados y de sus pecados. Todo lo que tenemos que hacer es confesar y arrepentirnos de nuestro pecado, creer que Jesús pagó por ellos, y aceptar el regalo gratuito de su salvación. ¡Qué más podemos pedir!

Al confesar, arrepentirnos y creer que Jesús es el Cordero y el sacrificio por mis pecados, Dios me hace nueva criatura, me da un corazón nuevo, me da vida nueva, viene a vivir en mi vida, me reconcilia con Él, y me da calidad de vida. De hecho, el evangelista Juan la llama “vida y vida abundante”.

El Cordero de Dios está muy cerca de nosotros hoy. Está aquí con nosotros, para que lo recibamos y lo aceptemos. ¡Él puede quitar mi pecado! ¡Qué visión más maravillosa!