DEVOCIONALES La Perspectiva del Águila


Efectos de un milagro de Dios

Día 212

“Entonces muchos de los judíos que habían venido para acompañar a María, y vieron lo que hizo Jesús, creyeron en él. Pero algunos de ellos fueron a los fariseos y les dijeron lo que Jesús había hecho... Así que, desde aquel día acordaron matarle” (Juan 11:45-46, 53).
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Lecturas adicionales:

    Mateo 6:33; Juan 1:11-12; 2 Corintios 5:14-15.
1.¿Cuáles son los principios que me enseña la Biblia?
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2. ¿Cómo puedo aplicar hoy estos principios a mi vida?
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Un milagro no asegura el destino de la vida espiritual de una persona: unos “creyeron en él”, otros se sintieron amenazados por Jesús: “algunos de ellos fueron a los fariseos y les dijeron lo que Jesús había hecho...”, buscaban matarle. El milagro es la evidencia del poder de Dios. La decisión por la vida eterna o la perdición eterna la debe hacer la persona. Un milagro no salva a nadie. ¡Es una señal para encontrar a Jesús! ¡Es una señal que nos muestra que hay un Dios Todopoderoso que está cerca de nosotros, que se quiere revelar y que quiere que lo busquemos!

Un milagro crea revelación, aunque los “reveladores” ni se imaginan su profecía: “Entonces Caifás, uno de ellos, sumo sacerdote aquel año, les dijo: Vosotros no sabéis nada; ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca. Esto no lo dijo por sí mismo, sino que como era el sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación; y no solamente por la nación, sino también para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos” (vv. 49-52).

Es imposible entender por qué querían matar al único que en realidad nos da vida.

Un milagro lleva a algunos a buscar intereses personales y no al reino de Dios: “... y los fariseos reunieron el concilio y dijeron: ¿Qué haremos? Porque este hombre hace muchas señales. Si le dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los romanos, y destruirán nuestro lugar santo y nuestra nación” (vv. 47-48). Debemos tener mucho cuidado y no usar los milagros de Dios para sacar provecho personal sino para el Reino.